Mike, el impresionante pollo sin cabeza.

Hoy vais a conocer una historia impresionante. Resultado de la casualidad y, sobre todo, de la SUERTE.
 
Sólo os digo que tiene como protagonista a un pollo, pero no a uno cualquiera, sino a Mike, el pollo que sobrevivió sin cabeza.
Sí, habéis leído bien, sin cabeza. ¿Cómo es esto posible? Pues bien, el autor de los hechos (o del milagro), fue Lloyd Olsen, un granjero de Colorado que, en 1945 se dirigió a su corral para elegir un buen pollo para la cena.



Tras mirar los que tenía disponibles, eligió un buen ejemplar de 5 meses, preparadito para meterlo en el horno y ponerse las botas a su costa. Pero claro, antes de hacer eso, había que cortarle la cabeza.

Debido a que a su suegra le encantaba la parte del cuello, Olsen agarró su hacha y le dio un tajo al animal tratando de dejar la máxima parte de éste, para deleite de aquélla.

¡ZAS! Cabeza al suelo, todo perfecto. Aunque... perfecto para el pollo. Como si de un mero trámite se hubiese tratado, se levantó emitiendo un leve gorgeo al intentar piar, debido a que tenía el esófago abierto, y se fue hacia el corral de nuevo (no me explico cómo hizo esto, algún chocazo se tuvo que dar con las puertas, supongo).

Lloyd Olsen y su familia quedaron boquiabiertos; no sólo no iban a cenar pollo, sino que ahora la familia tenía un miembro más.

Tras unas horas, Mike (que así llamaron al animal) seguía dando vueltas por el corral, como si estuviera bien.

La sorpresa llegó a su punto álgido cuando, al día siguiente, allí estaba el pollo. Más vivo que cualquiera, aunque seguramente con más hambre que cualquiera también, porque no tenía un pico con el que alimentarse.

Olsen vio en Mike un tesoro, y se dispuso a alimentarlo con una pipeta y a mimarlo como a un hijo, llegando a engordarlo hasta los 3'5 kilos.

También lo llevó a la Universidad de Utah, para que le dieran una explicación científica de cómo el pollo estaba viviendo sin cabeza.

Por lo que le explicaron, resulta que el hachazo se lo dio tan mal, que le dejó intacta la yugular, un oído y gran parte del cerebro. De este modo, aunque sin pico ni ojos, si se le alimentaba bien de forma manual, el animal podría sobrevivir un tiempo.

Olsen empezó a recorrer el país, cobrando 25 centavos a todos aquellos que quisieran ver a su pollo milagroso correteando por el suelo, llegando a ganar hasta 4500 dólares al mes. 

La vida de Mike acabó en marzo de 1947, atragantándose con un grano de maíz. Su vida sin cabeza duró ni más ni menos que 18 meses.

Hay que añadir que otros granjeros quisieron emular con sus pollos lo que Olsen consiguió con Mike. Os podéis imaginar cómo acababa la cosa siempre. 11 días fue el récord de uno de esos pobres pollos imitadores.

Si te gustan las entradas inauditas sobre animales, te recomiendo que leas estas entradas: los perros bomba de Pavlov y las palomas fotógrafas de Julius Neubronner.

Espero que no conociéseis la historia, y que os haya sorprendido tanto como a mí,

Un saludo,



EduPE.