Año 1582, cuando se borraron 10 días de la Historia.

Esta es una entrada de esas que mezclan la historia y lo curioso. Vamos, de las que me gustan a mí.


Espero que disfrutéis leyéndola, porque impresiona tanto como su título. Espero que te quedes y aprendas por qué los días comprendidos entre el 4 y el 15 de octubre de 1582 jamás existieron.
 
En el año 45 a.C., Julio César, emperador romano, instauró el calendario Juliano (haciéndose honor a sí mismo). Esta forma de medir el tiempo se basaba en el año trópico, que no es más que el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa al Sol. 
 
Todo el mundo sabe que un año dura 365 días, pero en realidad, lo correcto sería decir que dura 365 días, 5 horas, 48 minutos y algunos segundos. De aquí que cada 4 años, tengamos un año bisiesto (con 366 días) para que esas horas no desfasen ni trastoquen nada.

En esto también habían pensado al crear el calendario Juliano pero, quizás para quitarse trabajo, o porque ese día se habían levantado algo vagos, decidieron redondear esas 5 horas y 48 minutos, determinándose en su calendario que un año duraba 365 días y 6 horas. 

A corto plazo puede parecer algo lógico, pero de esta forma todos los años se iban perdiendo algunos minutos, de modo que el año trópico dejó de corresponderse con el año Juliano.

Siglos más tarde, en el año 325 d.C., la Iglesia determinaba en el concilio de Nicea que la Pascua debía empezar el día del equinoccio de primavera (21 de marzo) para ordenar su año litúgico.
 
Por esta regla de tres, en el año 1582, sin razón aparente, el equinoccio llegó el día 11 de Marzo, de modo que se habían perdido 10 días por culpa del silencioso desfase del calendario Juliano.

Ante esta paradoja temporal, el Sumo Pontífice de ese momento, Gregorio XIII (sí, ya he hablado de Papas en otras ocasiones en el blog), mandó a crear un nuevo calendario, que posteriormente pasó a llamarse calendario Gregoriano. Mediante éste, el redondeo del calendario anterior no se llevaría a cabo, poniendo sobre la mesa una cifra más aproximada a la real.

Así, los años (tal y como los conocemos) pasaron de durar 365 días y 6 horas a 365 días, 5 horas, 40 y tantos minutos. 

Todo perfecto entonces. Aunque la cifra no es la justa, sí es bastante más exacta que la anterior, de modo que anualmente se pierde mucho menos tiempo. 

Pero, ¿qué se hizo con los 10 días ya perdidos?

Pues como ni el mismísimo Santo Padre puede crear tiempo, lo que hizo fue bien sencillo; los borró de la Historia. De modo que al día 4 de octubre, jueves, lo sucedió el viernes 15 de octubre de 1582.

Poco más que añadir. Así es como el Papa se quitó de en medio un problema más humano que divino.

Espero que hayáis aprendido algo nuevo. Un saludo,




EduPE.

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