Pep, el perro preso de Philadelphia.

Si tienes ganas de conocer algo insólito y gracioso, te recomiendo que sigas leyendo. Esta historia es perfecta para comentarla después con amigos, aunque habrá más de uno que piense que te lo has inventado.

¿Te imaginas un perro sentenciado a cadena perpetua? Yo tampoco hasta que encontré la historia de Pep. Adelante.

En 1924, en Philadephia (Estados Unidos), se cometió un asesinato en el seno de la familia del gobernador Gifford Pinchot. Lo curioso del caso es que la víctima era especial... no era ni más ni menos que el gato de la esposa de Pinchot.

¿Y el asesino? Os preguntaréis. Pues no, no fue el propio Pinchot, ni siquiera el mayordomo, como dictan los tópicos. El despiadado que perpetró este crimen también tenía cuatro patas y se movía por instinto: fue Pep, el perro del sobrino de la pareja.


Y haciendo alarde de su nacionalidad de americano al que no se debe pisotear (y de marido ejemplar), Gifford Pinchot se las arregló para que el labrador negro que había hecho tan infeliz a su mujer desayunándose a su gato fuese condenado a cadena perpetua. Y fue así como se le internó en la Eastern State Penitentiary.

Aunque el perro fue tratado como un preso más, llegándose incluso a echarle las fotos reglamentarias para su propia ficha, además de indentificarle con una placa (con el número C2559), nunca estuvo encerrado en una celda. De hecho, se convirtió rápidamente en la mascota de la penitenciaría.

Todos los presos estaban muy contentos de la presencia del perro entre ellos. Llegaron a apodarle "El Matagatos" (cat-murdering dog), y paseó por los patios entre los convictos al menos durante los diez años más que duró su vida.

Aunque la historia es incluso bonita, yo diría que hay un giro inesperado al final de la misma, que me dispongo a mostraros en las siguientes líneas.

Resulta que años después se publicó en un periódico de la zona una carta de Gifford Pinchot dirigida al director de la cárcel, en la que explicaba que había mandado al perro entre rejas para mejorar el comportamiento de los presos. Y de esa forma, limpió su nombre (aunque siempre estuvo más que limpio).

Siempre es interesante leer historias curiosas, y si lees UnEduEstuvoAquí con frecuencia, te habrás dado cuenta que las entradas en las que los animales son los protagonistas son de las que más me gustan. Puedes comprobarlo leyendo sobre las palomas fotógrafas, sobre el pollo que vivió sin cabeza o sobre la rata descubierta en Marte.


Un saludo,


EduPE.