Cuando los nazis acuñaron miles de libras inglesas, la Operación Bernhard.

Hoy vais a leer otra de esas entradas sobre guerra, pero no sobre la guerra que teneís en mente, sino sobre esas estrategias curiosas que se han llevado a cabo durante conflictos armados que hacen pensar que el ser humano desperdicia su ingenio.


¿Recordáis los Perros bomba del señor Pavlov, y la Operación Fortitude? Pues la Operación Bernhard no se queda atrás. Adelante.
Es innegable que los nazis, durante la guerra, no sólo se centraban en las balas y las bombas, sino que también pensaban en cómo poder cargarse al enemigo por otras vías menos directas. La Operación Bernhard recibe su nombre de un mayor de las SS, Bernhard Krüger, y conformó la mayor operación de falsificación nazi llevada a cabo por este régimen.

Mediante la falsificación de libras esterlinas, pretendían sufragar gastos derivados de espionajes, compras a países neutrales y pagos a colaboracionistas, además de dañar la economía inglesa al máximo.

Para ello, en 1941 Himmler le encargó a Krüger que eligiera de entre los prisioneros judíos a aquellos que tuvieran experiencia en sectores que pudieran ser útiles para la consecución de estas falsificaciones. Con un equipo de 140 judíos, entre los que había técnicos de impresión y numismáticos, se pusieron manos a la obra.

Se creó la Oficina 6-F-4 para coordinar la operación, y se "ascendió" a los judíos reclutados al nivel de "Trabajador Altamente Esencial", por lo que se les aseguraba la subsistencia, con ciertos privilegios, al menos hasta la finalización de la misma, que se pretendía en 3 años. El equipo llegó a crear réplicas casi perfectas de libras a razón de 400.000 al mes. 


Las falsificaciones pasaron su prueba más importante cuando un agente encubierto logró colocar en un banco londinense un maletín lleno de estas libras, pasando la verificación del operario de banca.

Como todo, el plan no era perfecto, y en 1945 tuvieron que trasladar la base de operaciones a los alpes austríacos, pero el avance de los aliados obligó a la destrucción de las mismas y a la cancelación de la operación.

Krüger, temeroso de ser enrolado de nuevo una vez acabado el plan, siempre trató de ralentizar el proceso, a sabiendas también de que su equipo sería exterminado tras su finalización.

Billetes encontrados por los aliados.

Podríamos decir que hay un "final feliz" para los protagonistas de esta historia, ya que Krüger pudo huir a Suiza con su amada (aunque más adelante fue capturado por los ingleses), y los 140 judíos, aunque acabaron en un campo de concentración, no fueron exterminados, en parte por petición de quien había sido su jefe, Bernhard Kruger. Al final vencen las relaciones humanas sobre los conflictos armados.

Pd.: Me parece reseñable que la película Los Falsificadores, de Stefan Ruzowitzky (2007), está basada en la Operación Bernhard.

Un saludo, EduPE.