La leyenda de la Cruzada de los Niños, la quinta cruzada para recuperar Jerusalén.

El post de hoy es de los religiosos medievales, de los oscuros y difícilmente contrastables. Exactamente ese tipo de historia que, para mí, tiene un encanto especial. Vamos a hablar de una serie de acontecimientos muy arraigados en el siglo XIII, conocidos como La Cruzada de los Niños.


Conforme vayáis leyendo, veréis cómo el boca a boca y el tiempo pueden crear una leyenda con un simple error al traducir una palabra. Allá vamos.

Nos remontamos al año 1212, poco después de las Cruzadas. Aunque son muy conocidas, no está de más recordar que éstas fueron una serie de expediciones, lideradas por cristianos, encaminadas a liberar la Tierra Santa de los infieles, mediante la conversión de los musulmanes al cristianismo, o el exterminio de los mismos en caso de su negativa.

Pues bien, pocos años después de finalizar la Cuarta Cruzada, un niño en Francia aseguró haber recibido la visita de Jesucristo, el cual le había encomendado la tarea de entregar unas cartas al rey de Francia. Según el chico, el Mesías quería que Francia comenzara una nueva cruzada para recuperar Jerusalén. Por su parte, una historia similar se sucede en Alemania, aunque con mucha menos repercusión.

Según las fuentes, el chico francés cumplió el mandato con éxito, pero con el detalle de que el rey de Francia ignoró sus explicaciones. De este modo, volvió a su lugar de origen, donde volvió a recibir una segunda visita de Cristo. Inició después de ésta lo que la Historia hoy recuerda como la Cruzada de los Niños.

Según ha llegado a nuestros días, consiguió convocar a casi 30.000 niños de diferentes edades, para iniciar una peregrinación hacia la ansiada Tierra Santa, pero con la peculiaridad de que dicha empresa sería totalmente pacífica, ya que la pureza de sus almas conseguiría ablandar a los infieles, los cuales se convertirían al cristianismo sin dudarlo, según defendían.

Llegaron a Niza, poco más de 2000 niños, porque la gran mayoría huyó o directamente murió de hambre. Una vez allí, y convencidos de que el mar se abriría como ocurrió con Moisés, estuvieron rezando durante días frente a las aguas.

Aunque esto no llegó a ocurrir, unos mercaderes les ofrecieron algunos barcos para cruzar hacia Tierra Santa. Aceptaron y, después del naufragio de dos de las naves, los niños que consiguieron desembarcar en Egipto, fueron vendidos como esclavos por los mismos mercaderes que les había "ayudado gratuitamente". De este modo, acabó la Cruzada de los Niños sin éxito alguno.

Es más que lógico que esta historia tiene pinta de leyenda, pues de haber existido, seguro tendríamos muchísimas referencias de niños cruzando el mundo por tan santo motivo, ¿no?

Pues bien, la semilla que supuso la creación de esta supuesta cruzada pueril, encuentra su fundamento en una serie de movimientos de población que surgieron en Europa al principio del siglo XIII. Mucha gente, generalmente agricultores, movida por el hambre y los cambios económicos, encontraron pobreza en países como Alemania y Francia.

De manera peyorativa, se empezó a llamar a estos nuevos mendigos con el término "pueri", que traducido significa "niños".

Estos "pueri", se terminaron asociando y, siguiendo la fe cristiana, vagaron sin rumbo por Europa, pero sin ninguna intención de una Quinta Cruzada, como ya se han encargado los cronistas de adornar.

Por tanto, la traducción literal de "pueri" engañó a la Historia, creando una de las leyendas más interesantes y bonitas que ha dejado su huella en este blog.



¡Saludos!